Viajar

Desde que crecí, siempre me las ingenié para viajar.

Solían motivarme los viajes de formación: seminarios, clases, talleres… que me llevaban a diferentes lugares del mundo y que me daban “permiso” para unos días de paseo.

Escribo este post desde Barcelona, en el apartamento de mi hijo, luego de haber vivido una aventura personal en Marruecos.

Siendo que la mayor aventura de mi vida fue la decisión de salir de la ciudad para instalarme en el Portal Iberá, en Tabay (Corrientes, Argentina), de soltar mi familia, mi trabajo, mis hábitos citadinos y transitar el mundo del barro y la vida natural…, hoy lo que me resultó realmente desafiante fue compartir una semana de convivencia con  14 personas totalmente desconocidas para mi.

No solo desconocidas!   A diferencia de  otras situaciones semejantes, aquí no había ningún interés en común, ninguna práctica ni conocimiento específico.

No sé bien de dónde me sale, pero me habita una fuerza interior de evolución, una búsqueda de sacarme de zona de confort y confrontarme con mis creencias y carcelarias excusas.  Me empuja casi sin descanso a enfrentar mis miedos…

Sabiendo de mis caprichos, me tomé el tiempo de realizar el ejercicio que propongo en el video:

 

 

En mi caso, mis expectativas eran:
  • conocer el desierto
  • abrirme a la inmensidad de esa naturaleza desconocida…
Y  mis miedos:
  • no poder dormir con otros
  • no poder disfrutar de mis compañeros, del ritmo juvenil del grupo.  (Si, aunque me avergüence reconocerlo).
Y qué aprendí de mí?

Ufff la verdad que no ha sido sencillo hacer un balance objetivo.

Tiendo a criticarme mucho e intentar ganarme el amor y el respeto de todos.

Quééé????  Que eso es normal?  Puede ser... pero el gran aprendizaje fue reconocer como YO no aceptaba a todos por igual.. que tenia mis preferencias, mis afinidades.  Entonces… por qué esperar que los demás no las tuvieran conmigo?

Me encontré muchas veces aislada, debatiéndome entre forzar mis “convicciones” para integrarme más , si me  resultaba posible mantener mi autenticidad aun en la diversidad humana o esto era motivo de intransigente  soledad.

Me descubrí exagerada, amorosa, fluctuando entre la ternura y la aceptación y la intolerancia y la crítica.

Encontré personas hermosas, abiertas a conocer y compartir.  Y otras cerradas como portones de palacios.  Y así pude verme en un espejo mágico.

De todo lo que aprecié en Marruecos  me llevo, sobre todo,  la cotidiana propuesta de ser feliz en el momento Presente, no controlar sino adaptarme de la mejor manera a las personas y circunstancias que me circundaron… y más que nada, la verificación precisa y preciosaaaa!!! de que la vida es un viaje de autodesubrimiento y realización.

No hay otra realidad que sea más apropiada para ello.

Y, si la hay, es necesario que pasemos primero por esta estación para poder llegar a la siguiente.

Qué opinás?

Qué te aportan a vos los viajes?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *