Delivery de soluciones

En tiempos de “comida rápida” y de recetas fáciles que nos ayuden a mejorar la vida cotidiana, no es extraño que tantas personas se acerquen al Tarot y a la astrología buscando soluciones a sus problemas como una especie de delivery.

Lo veo muchísimo en el consultorio gratuito de Tarot.  No tanto en las entrevistas, porque allí hay tiempo de abordar las cuestiones problemáticas como lo que son:  expresión de desequilibrios, mala interpretación y/o desajustes de lo que el Gran Plan nos tiene preparado.

Tan complejo es darse cuenta de que todo está dentro nuestro, o mejor dicho dentro de “nuestro patrón o diseño” (ya que el adentro y el afuera se funden como una trama indisoluble), que nos llenamos de obstáculos, nos justificamos con todo el pasado a nuestro favor y luego queremos que otro nos guíe, nos dé la solución a nuestro drama.

A mi entender, estos saberes ancestrales nos brindan herramientas, recursos para atravesar la puerta de entrada a la evolución que es el AUTOCONOCIMIENTO.

No por nada “Conócete a tí mismo” estaba escrito en la puerta de entrada al templo de Apolo, en Delfos.

No por nada, en el templo de Apolo, en Delfos, estaba escrita la frase “Conócete a tí mismo”.

Al hacer una consulta, tanto de Tarot como de astrología, hay que saber de antemano, que no vamos a encontrar una respuesta rápida. Tal vez sí una guía, una ruta por donde empezar a transitar.

Como señala el Arcano VIIII, “El Ermitaño” iluminando el camino, éste es un camino  personal, profundo, interior.

Bastante más fácil es andar por la superficie. Pedir  un “remolque”. Que sea el otro quien nos de la respuesta y nos saque del lugar del problema.

Pero en tanto no veamos dónde se genera el problema verdadero, cuáles son las circunstancias que lo detonan, y cómo afecta a nuestro patrón de conducta, lo más probable es que volvamos rápidamente al mismo punto.

Eso tiene un sentido: la Vida, que está de nuestro lado, insiste en que evolucionemos. Nos pone una y otra vez frente al desafío de crecer.

Para dar un ejemplo, te cuento:

La otra noche, angustiadísima  por algo que me afectó mucho emocionalmente, se me apareció claramente el inicio de ese dolor, que nada tenía que ver con la situación.

Era muuuuucho más antiguo, y creyéndolo superado, lo ignoré. Entonces “sufría” o creía sufrir por lo que estaba pasando ahora… No, no es así.

Me di cuenta de que el verdadero dolor venia de otro lado, y que simplemente esta situación era la puerta para que volviera a conectarme con eso… y que me ubicara en otro lugar.

Una gran oportunidad, que se me escapa de las manos cada dos por tres.

Ya ves, nadie esta exento de la aventura evolutiva!!! 

Sin embargo, al saberlo, mantengo mi farol encendido. 

No hay formulas mágicas, pero te cuento cómo siguió lo de aquella noche:

Al darme cuenta del origen de mi dolor, me abracé con todo el amor del mundo. Reconocí que ese miedo a la soledad era el de mi niña, con toda su indefensión. Me miré de cerca, de lejos, en el ayer y en el hoy. Hice eso muchas veces!! Me ví, literalmente, llorando en la cama, desconsoladamente, dandole alimento a una memoria que poco tiene que ver conmigo ahora.

Sin dejar de abrazarme, recordé los miles de videos que miré a cerca de la toxicidad de las emociones. Me di cuenta de que estaba poniendo en mi sistema muchas hormonas de sufrimiento, muy dañinas, respondiendo a una situación como lo hubiese hecho en mis primeros años.

No se trata de rehuirle al dolor, sino de tomar consciencia de su origen. Y dejar de alimentarlo. Aceptarlo. Calmarme en el presente. Respirar. Ir al pasado para conocer. Volver al presente para sanar.

Cuando en la consulta me preguntan a cerca del futuro, siempre propongo que  comprendamos el presente.  Cómo interpretamos lo que hoy nos pasa, cuánto estamos dispuestos a desandar lo aprendido,  a revisar lo vivido, a actualizarnos en nuestro camino.

Si hemos crecido lúcidamente, sabremos que con cada experiencia vamos incorporando más habilidades, más autoconciencia. 

Muchas veces necesitamos una mano desde afuera, una mirada que nos ayude a re orientarnos.  

En tiempos en los que cualquiera se pone el disfraz de mago, bruja, chamana o gurú, más que nunca nos invito a mirar en la profundidad de nuestra consciencia y a arriesgarnos en el mágico camino de la transformación personal.

Somos diamantes en bruto, compuestos por muchísimas caras… esperando ser pulidas.

 

 

 

 

 

 

 

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